Tic tac, tic tac, tic tac, el reloj siempre
está ahí, recordándonos el paso del tiempo, sin dejar escapar los segundos,
marcando los minutos y sentenciándonos con la hora. El tiempo lo forzamos a
convertirse en algo físico, pero por más que tengamos ese objeto maquiavélico
que nos indica la hora del día, sabemos y debemos recordar que eso no es real,
al menos para nuestro cerebro, el cual procesa éste a su antojo, haciendo del
momento feliz una estrella fugaz y del no tan bueno una eterna amargura. Y es
precisamente en ese instante cuando más parece que escuchamos el tic tac del
reloj.
Aquí, en un cuarto
sombrío, en un día gris de otoño, escenario perfecto para un soneto a la
melancolía, estoy yo, escribiéndote a ti, para que salgas de tu pozo, para que
veas la luz y resuelvas aquello que crees que no tiene solución. Para un viejo como yo, que he vivido de todo
un poco, el tiempo ha perdido ya la capacidad de asustarme, ya no es mi enemigo
sino mi aliado. Es verdad que no he llegado a hacer todo lo que me gustaría
haber hecho y que he pasado por diferentes desencuentros, pérdidas, decepciones
y he trabajado duro por mi familia que además es la tuya. Pero también he
amado, reído y disfrutado.
Ahora, estoy yo solo en mi modesto hogar, ya
no tengo nada por lo que preocuparme, porque ya se supone que no debo ocuparme
de nada y recibo tu "carta de auxilio" como tu misma la has querido
llamar... ¡ay! mi querida nieta, es verdad que los tiempos han cambiado, que apenas
puedo comprender lo complejas que se han vuelto las cosas. Pero de algo estoy
convencido y es de que por mucho que cambie todo, debes seguir siendo fiel a ti
misma, busca en tu interior, no te centres en ese problema concreto, pon tu
mirada en algo más grande porque ¡no somos más que una pequeña mota de polvo,
querida! y nada en esta vida hay que el tiempo no se encargue de llevar o
archivar, deja eso que tanto te preocupa escrito en un avión de papel y lánzalo
para que se lo lleve el viento. Sonríe como tú sabes, sal, disfruta, ama,
viaja, haz todo cuando puedas y quieras, no dejes de hacer por temor al qué
dirán o no atreverte, porque el miedo siempre será más peligroso que aquello a
lo que te tengas que enfrentar.
Y cuando creas que te faltan fuerzas, piensa
en mí, en este viejo solo en su sofá, encantado de que lleguen estos días
lluviosos para leer el periódico que tanto odias, mientras bebo mi copita de
vino y me abrigo con el calor del brasero que tú ahora añoras. Ya el miedo al
paso del reloj no me impide disfrutar de estos momentos, ahora que no debo
hacer nada es cuando lo estoy haciendo todo. Si no hubiese vivido tanto, con
todo lo que la vida conlleva no podría apreciar estos buenos momentos. Me llena
de orgullo que aún confíes en mí para contarme tus secretos, es la recompensa
de mi vida y la promesa de la tuya.
Todo irá bien, quítate de la muñeca el reloj
que tanto te oprime y vive tu presente porque no existe otro tiempo. Recuerda
siempre, Ahora es tu momento de ser feliz.
Con mucho amor. Tu abuelo.
si ahora escribes así, ¿cómo escribirás cuando seas abuela?
ResponderEliminar