El observaba frunciendo el
entrecejo mientras comprobaba que todo estuviese correcto, los filtros de
oxígeno funcionaban normalmente, el pequeño rio y la charca tenían el ph
adecuado; pero todos los animales parecían deprimidos, sin fuerzas. Sam introdujo más comida e insectos, pero
hasta el instinto de caza de sus animales parecía estar inactivos; por lo que
las chicharras, mosquitos y lombrices eran las más felices de todo el selvario.
Probó cambiando el clima e hizo que tuvieran más horas de luz, ésto los animó
algo más, muchos de los animales salieron de sus escondites para echarse una
"siestecita" debajo de su lámpara de infrarrojos tan preciada, su
sol. Pero todo lo demás seguía igual. Sin duda era un gran misterio ¿qué le
pasaba a sus animales? "si pudiera hablar con ellos me dirían qué
necesitan" pensaba Sam.
Decidió llamar a su buen amigo
Robert, él fue el primero en tener un selvario y seguramente podría averiguar
qué ocurría en el suyo. Sacó su tablet y dijo en voz alta "Robert" e
inmediatamente la cara de su amigo asomó en la pantalla.
- ¿Sí Sam?
- Robert, algo está sucediendo
a mi selvario, todos los animales están agotados, casi no se mueven y lo he
probado todo.
- ¿Enserio Sam? -preguntó Robert fascinado- a mi me ocurre lo mismo. Incluso
les he comprado un parque de atracciones por si estaban aburridos, pero ya no
sé qué hacer.
- Lo mejor será preguntar en
la red, a ver si alguien sabe algo -sugirió Sam animado por el misterio.
- Ya lo hice, parece que no
somos los únicos, algo está pasando con todos los selvarios y las tiendas
de mascotas se niegan a recoger más
animales devueltos. Parece que ha fallado más de una cadena de series de
minianimales, ni ellos saben qué ocurre.
- Entonces, sólo nos queda
preguntar a la única quien nos puede dar la respuesta.
- ¿Quién Sam?
- La Naturaleza. Vayámonos de
acampada este fin de semana, organizaremos una excursión con todos nuestros
amigos del Club Selvario y observaremos la verdadera selva.
Y así lo hicieron, Sam, Robert y
su club de amigos de los selvarios, equipados con sus mochilas y ropas de
camuflajes, se adentraron en la auténtica selva. Todos queedaron maravillados
al observar que allí la selva seguía su curso normal, los elefantes se bañaban
en el barro y cogían agua del charco con sus grandes trompas para usarlas a
modo de ducha, una pareja de monos se acicalaban mientras sus crías se colgaban
de las dianas de los árboles y las hienas aquí sí se reían.
- ¡Wow! -exclamó Sam- esto es
maravilloso, nuestros selvarios se parecen mucho, pero hay algo diferente.
- Es la libertad -dijo Robert
fascinado mientras seguía con la mirada a un grupo de avestruces corriendo a
toda velocidad -por más que la simulemos, nunca será lo mismo que vivirlo
realmente.
- Sí -afirmó Sam, que solía
coincidir en sus pensamientos con los de su amigo- debemos encontrar un espacio
natural donde ellos puedan vivir y experimentar lo que estamos sintiendo hoy
aquí.
De esta forma fue como Sam,
Robert y el Club Selvario buscaron y encontraron una pequeña isla deshabitada,
pequeña para unos animales de tamaño real, pero enorme para sus mascotas. Esta
isla era un mundo para ellas, un verdadero ecosistema donde todos aunaron sus
esfuerzos para reunir la completa serie de especies animales en miniatura y
dejar crecer sus naturaleza libremente.
Allí, todas sus mascotas
parecieron resucitar de su letargo y nunca más volvieron a sentirse agotadas.
THE END
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